2016 – Jubileo de la Misericoridia : Salmo 117

 SALMOS  PASCUALES

SALMO 117

Lectura orante

Todos los estudiosos del salterio opinan que este Salmo era el propio de la fiesta de los Tabernáculos, celebrada en otoño y expresa la festiva y gozosa liturgia del templo en ese día tan santo en Israel. Deja entrever una entusiasta marcha litúrgica y una solemne entrada en el templo. Hay que escuchar como trasfondo el bullicio, la alegría y el canto intercalado entre el solista, el coro y el pueblo. La muchedumbre del pueblo sube hasta el templo, entra por las puertas “de los justos” y la puerta del Señor está abierta por donde pasan los vencedores y dentro del templo se celebra la Roca de Israel con el canto del hosanna y ejecutando la danza sagrada con los ramos “ilulav” alrededor del altar. Es necesario que la casa de Israel, y la casa de Aarón, también los que temen al Señor, los prosélitos, alaben y proclamen la fidelidad “`hesed” del Señor: porque es eterna su misericordia. Son imágenes muy hermosas, la asamblea canta y danza en torno al altar y los sacerdotes bendicen. “En las tiendas de los justos” “in tabernáculo iustorum” es una alusión a las cabañas o cobertizos que los israelitas construyen para celebrar la fiesta.

Es el Salmo pascual por excelencia. Toda la tradición patrística lo ha comentado y predicado desde la Pascua del Señor Jesús. La tradición litúrgica de las Iglesias ha proclamado este Salmo cada Domingo, porque profetiza la creación del Domingo, el día que el Señor ha creado. Con su gloriosa y vivificante resurrección ha creado el día en que ha actuado el Señor, el Domingo, “Haec est dies, quam facit Dominus” “éste es el día en que actuó el Señor”. Es la Pascua de cada Domingo. Sin la Resurrección del Señor no existiría el Domingo, es el octavo día, el inicio de la nueva creación.

La “piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho y ha sido un milagro patente”. Jesús mismo, según el evangelio de Mateo, cita el Salmo: “Y Jesús les dice: “¿No habéis leído nunca la Escritura: “La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho ha sido un milagro patente”? (cf. 21,42). La piedra rechazada presente en la predicación apostólica (Hch 4,11-12) es también la piedra de tropiezo: “Y también en piedra de choque y roca de estrellarse; y ellos chocan al despreciar la Palabra” (1Pe 2,6-8) y sobre esta piedra la edificación de la Iglesia se alza bien compacta para ser templo en el Señor: “Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor” (Ef 2,20-21).

No hay ninguna liturgia cristiana que no cante este Salmo cada Domingo. Verdaderamente el Salmo canta la Resurrección y la Ascensión del Señor. Es el Señor quien canta e invita a cantar a la asamblea de la Iglesia. Como si fuera el solista, también un héroe, rodeado de su pueblo que celebra su victoria. Más que nunca en este Salmo Cristo aparece como el mismo cantor de los Salmos: ipse cantator pasalmorum.

Él ha abierto las puertas del santuario para que entren, festivamente, generaciones y generaciones de creyentes. Proclamamos, con este Salmo, la victoria pascual del Señor, mientras esperamos que llegue la consumación de la salvación en la Jerusalén del cielo.

Todas las fuerzas del mal se han abatido sobre el Señor y ha salido ileso y triunfador por su Resurrección. Es Él también quien ha soportado los castigos del Señor al sufrir para la expiación de nuestros pecados. Las palabras: “No he de morir, viviré” sólo pueden referirse a Jesús. Por Él, se abren las “puertas del triunfo”. Es a causa de Él que las puertas del Reino han sido abiertas para todos nosotros. La puerta del Señor es Él mismo y los justos desde entonces pueden entrar. San Jerónimo exulta predicando el versículo en la misma Noche de Pascua: “Haec porta Domini” “esta es la puerta del Señor”. Es la puerta que el Señor ha abierto para no cerrarla tras sí, por ésta puerta ha entrado el buen ladrón y tras él todos los que peregrinan hacia la Jerusalén del cielo (cf. Ieronymus PL 39, 2058-2059). Por esa puerta, predica san Jerónimo, en un célebre sermón, han estrado el buen ladrón, Pedro y Pablo…, es la puerta por la que debemos pasar todos y el umbral de esta puerta es la Iglesia. Recomendamos la lectura de este bellísimo sermón de san Jerónimo en la noche de Pascua.

Cada Domingo en el campamento de los justos, la Iglesia, se oyen cantos de fiesta y de victoria y nos hallamos, como los niños de los hebreos, con ramos en las manos, para aclamar al Señor, que entra en la ciudad santa, hasta llegar junto al altar para celebrar la Eucaristía, memorial de su sacrificio. En todo, por todo y siempre: “porque es eterna su misericordia”. No olvidemos que el versículo “Bendito el que viene en el nombre del Señor” se ha agregado al canto del Sanctus en las liturgias cristianas en el corazón de la Plegaria eucarística. El que vendrá con gloria al final del tiempo es el que viene ahora ya en la presencia sacramental de la Eucaristía. Esta dimensión escatológica se manifiesta también en Mt 23,39: “Os digo que a partir de ahora no me veréis hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!; los que han condenado a Jesús, verán venir al Señor en su gloria y lo reconocerán con estas palabras.

La liturgia ortodoxa le gusta cantar frecuentemente el verso: “El Señor es Dios, él nos ilumina” con el significado: “Cristo ha resucitado, él nos ilumina”. Recuerda el resplandor de la luz nueva de la Pascua que ilumina a los fieles y lo hace resplandecer todo: la Palabra, la Mesa, el Bautismo y la Asamblea de Dios. También los ministros de Dios. En los bellos troparios orientales los versículos del Salmo se intercalan en el diálogo de las miróforas, eran las santas mujeres que iban a ungir el cuerpo del Señor en la alborada de Pascua, cuando el Señor les sale al encuentro.

La Iglesia radiante, llena de una alegría única, en la noche de Pascua canta el Salmo cuando reencuentra el “Aleluya”, añorada desde el principio de la Cuaresma, en el momento más jubiloso de la liturgia católica. ¿Qué cristiano no tiene el corazón estremecido cuando entona el Aleluya en la Vigilia Pascual? Antes de escuchar el Evangelio de todos los Evangelios: “Cristo ha resucitado”. El Aleluya de la Noche de Pascua se canta ternariamente con los versículos de este Salmo.

Este Salmo fue cantado por Jesús y los discípulos al levantarse de la mesa de la Cena de la Pascua según el ritual judío. Es el himno “Hal.lel” que cantaron antes de salir hacia el huerto de los Olivos, saliendo de la ciudad por la puerta de Sión y descendiendo por el torrente de Cedrón. La luna hacía el pleno de la Pascua. Una luna que iluminó el rostro del Señor. También es el Salmo utilizado por los niños de los hebreos cuando glorificaron al Señor en su entrada en Jerusalén: “Y la gente que iba delante y detrás gritaba: “Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” (Mt 21,9). El Salmo se cierra con la misma aclamación responsorial por el que ha empezado: “Dad gracias al Señor porqué es bueno: porque es eterna su misericordia”.

En la liturgia romana se cantaba a la hora Prima de los domingos, ahora suprimida. El versículo “Haec est” “Éste es el día que actuó el Señor”,se repetía en el antiguo breviario romano hasta la saciedad el día y la octava de Pascua. También en la Liturgia de las Horas ocupa el lugar del responsorio tras la lectura breve de las Horas Mayores durante la Octava pascual. En la distribución de la Liturgia de las Horas actual  se canta todos los Domingos, ya sea en Laudes como en la Hora Menor. Es un Salmo privilegiado en las exequias cristianas, de uso antiquísimo, y se canta como canto procesional en el traslado del cuerpo del difunto hasta el lugar de la sepultura.

SALMO 117 – Himno de acción de gracias después de la victoria

¡Aleluya!
Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:

eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:

eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:

eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,

y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;

¿qué podrá hacerme el hombre?

El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor

que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,

en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,

pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria

en las tiendas de los justos:
“La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa”.

No he de morir, viviré

para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,

y entraré para dar gracias al Señor.

– Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

– Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos

es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:

sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

– Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

– Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;

Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

Oración:

Señor, tú que nos has dado en el Domingo un día de gozo exultante,

porque en él Cristo Jesús, la piedra que desecharon los arquitectos,

ha venido a ser la piedra angular del edificio espiritual;

concede a nuestras asambleas cristianas celebrar cada Domingo, con cantos de victoria, el triunfo singular de tu Hijo Resucitado. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Oración:

Dios Padre, lleno de bondad, que en este día del Domingo quieres que se

escuchen cantos de victoria en las tiendas de los justos, haz que la Iglesia, unida al triunfo de tu Hijo, sea para todos los hombres piedra angular y puerta de triunfo: para que el mundo, cimentado sobre esta piedra, tenga también parte, con tu pueblo, en la victoria de Cristo sobre el dolor y la muerte.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Mn. Rafael Serra

You may also like...

Translate »