2016 – Nota de espiritualidad del Adviento

padre-solerEl Prefacio II  de Adviento dice: “A  quien  todos los profetas  anunciaron, la Virgen esperó con inefable amor de Madre, Juan lo proclamó ya próximo y señaló después entre los hombres. El mismo Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza”, marca la espiritualidad en este tiempo. Es como un volver al tiempo en el cual  todavía  no hubiésemos  conocido  al Señor.  Por  tanto,  la Iglesia    debe  rehacer el camino  de  Israel. Ella también debe escuchar las palabras del Profeta que animan su esperanza y le abren el horizonte de los tiempos del Mesías.

En las primeras lecturas se proclaman fragmentos del libro de Isaías. Éste es el “Profeta mayor” de los  tiempos  del Mesías.  El  tiempo  presente,  marcado  por  el  dolor,  no  se agota  en sí mismo,   sino  que  se  abre al  futuro  de  Dios  y a  su  manifestación.

Por  otra  parte,  si  Israel tuvo que ir al Jordán  para  escuchar  al  último  y   al más  grande  de  los profetas,  que es  Juan el  Bautista,   también  la  Iglesia     debe  ir   al  Jordán  de  la conversión    para   que el Señor   encuentre  un pueblo  bien dispuesto  para Él.  Debe sumergir  cada  existencia en  el  Jordán,    santificado  por   el Bautismo   del Señor,   para salvar el  precipicio  existente  entre  Dios   y  los hombres,  a causa del pecado. Juan  es  un profeta de fuego y su  palabra denuncia los pecados contra la alianza.

El Adviento  es  un  pórtico  de luz,   de  una  luz  intensa   que   proviene    de  su  interior,     en  ambos    lados  de este pórtico están   flanqueados  por  dos figuras:  la primera  la   de Juan el  Bautista,  que   nos  invita a  la  conversión   del corazón.  No  una   conversión  teórica,  sino  real,    dando  los      frutos de una verdadera  conversión: “Dad el fruto que pide la conversión” (Lc 3,8). Y  la  segunda  figura  es la   Virgen    de  Nazaret, la  cual  nos  dice  simplemente  que   para acoger   al Señor  basta  decir: “Hágase en mí, según tu palabra” (Lc 1,38).

Cuando vivimos estas actitudes ya  no hay distancia entre el cielo   y la tierra.   Entonces es posible la Navidad.  Es desde ahí que se puede desarrollar  toda la teología del Adviento   cristiano   y  retomar  el    hilo  de  la  predicación  de San Bernardo  que   habla    del  triple advenimiento de Jesús en el mundo,  en la historia en el misterio de su Natividad,  en  las almas,  en su venida en la gracia  y  al final de los  tiempos,  cuando   el Señor  venga   en  la    majestad  de   su   gloria. Ya que creemos  que vendrá  a  “juzgar a vivos  y muertos  y su reino  no  tendrá  fin. Celebrando  la  Navidad,   tomamos  conciencia viva  del  retorno glorioso del Señor.

Mientras esperamos su venida gloriosa nuestra esperanza, realmente teologal, es inconmovible  y la alegría cristiana nace de esa esperanza. Por eso, durante el tiempo de Adviento en su  alma   más  íntima  la  Iglesia  clama  incansablemente: “ Maranatà,    ¡Ven    Señor Jesús!, (Ap 22,20).

Normas litúrgicas

  1. Durante la primera parte de Adviento, hasta el 16 de diciembre,  si  la Misa no tiene un  prefacio más propio, se dice cada día el pref. I o III de Advi
  2. En la Liturgia  de  las  Horas,   tanto  dominical  como  ferial,   son  propios   del tiempo   de Adviento  el  Invitatorio, los himnos  del   Oficio de lectura,   Laudes  y  Vísperas,  y en todas las horas (excepto en Completas)  todos los elementos desde la lectura breve hasta  el  final   de  la    
  3. En Tercia, Secta y Nona los tres Salmos se dicen con una sola antíf
  4. Para la Misa de los días feriales, hasta el 16 de diciembre,  puede escogerse entre:
    1. la Misa
    2. la Misa de una memoria
    3. la Misa de un  santo  inscrito   en   el   
    4. una Misa especial (no cotidiana) de di
  5. No se permiten las Misas  por diversas necesidades ni las cotidianas de difuntos, a  no ser  que  lo requiera la utilidad pastoral de los fieles (IGMR nú 376).
  6. El altar  puede adornarse  con flores  y  puede  tocarse  música  instrumental, pero ambas cosas con mayor  moderación   que  durante   el resto del año (Cf. IGMR, núm. 305  y   Episc., núm. 236).

Recomendaciones

  1. La Corona de Adviento es un signo muy popular de este tiempo, pero no es un signo  litúrgico,   por  lo  menos en un sentido fuerte,  y  no  es  En    España, en  el  Bendiciona l (núms. 1235-1242, pp. 553-556) figuran dos formularios para su bendición (en la familia y en la iglesia  respectivamente)  y  por ello la Corona de Adviento,  en nuestra nación, adquiere un cierto carácter litúrgico. Ha de procurarse que la Corona esté colocada estéticamente pero en ningún caso debe resaltar más que  el    altar,  la sede  o  el  ambón.  Es  sugestivo  disponerla de  tal forma que durante   el ciclo  navideño se convierta en el lugar donde se ubique la imagen del Niño Jesús en medio de las cuatro velas encendidas.
  2. Las velas de la Corona  de  Adviento  pueden encenderse  sucesivamente en cada uno de los cuatro domingos,  sea al inicio  de la Misa dominical después de la salutación del celebrante, sea (en los monasterios especialmente) antes de las  I Vísperas  del primer Domingo de Advient
  3. Durante la  semana,  tanto  en  la  Misa  como  en  Laudes y Vísperas, pueden estar encendidos los respectivos cirios iluminados los Domingos
  4. Durante todo el tiempo de Adviento es oportuno colocar en un lugar destacado una imagen de María discretamente adornada e iluminad
  5. Para la  Oración  de  los  fieles  durante  los  domingos  se pueden  utilizar   los formularios que figuran en el libro Roguemos al Señor con las oraciones  conclusivas  del ciclo A (págs. 43-50);      para   los  días  no  festivos,   hasta   el   16   de  diciembre,   las ferias (págs. 51-55), complementados en las memorias de los santos con las peticiones propias (págs.49-50).
  1. Durante la primera parte de Adviento (desde el I Domingo al 16 de diciembre), los ministros de la Palabra y los contemplativos, sobre todo, deberían subrayar especialmente el rico contenido de las lecturas bíblicas del Oficio de lectura y de los responsorios propios que las comentan (Cf. IGLH, 28.55). Estas lecturas constituyen la principal y más completa lectura litúrgica de la Escritura con referencia a la espiritualidad de  estos días.  Desde el Domingo I hasta el sábado se hace  una  lectura  continua  del  mensaje  del  I  Isaías.  De este mismo libro se leen,  en la Misa, unas  breves    perícopas   hasta el 13 de diciembre. Desde el Domingo II hasta el jueves II se lee en el Oficio de lectura,   el libro de Rut, en el cual se presenta la ascendencia humana de Jesús hasta Jesé, padre de David (conviene subrayar la importancia de este libro como preparación para Navidad).

De las Cartas pastorales de san Carlos Borromeo, obispo

 Ha llegado,  amadísimos  hermanos, aquel tiempo tan importante y solemne, que, como dice  el Espíritu Santo, es  tiempo   favorable,  día  de  la  salvación,  de la paz  y de la  reconciliación; el tiempo que tan ardientemente desearon los patriarcas  y profetas y que fue objeto de tantos suspiros   y anhelos; el tiempo que Simeón vio lleno de alegría, que la Iglesia celebra solemnemente y que también nosotros debemos vivir en todo momento con fervor, alabando y dando gracias al Padre eterno por la misericordia  que en este misterio nos ha manifestado. El Padre, por su inmenso amor hacia nosotros, pecadores, nos envió a su Hijo único, para librarnos  de la tiranía  y  del  poder del demonio, invitarnos al cielo e introducirnos en lo más profundo de los misterios de su reino, manifestarnos  la verdad, enseñarnos la honestidad de costumbres, comunicarnos el germen de las virtudes, enriquecernos con los tesoros de su gracia y hacernos sus hijos adoptivos y herederos de la vida eterna. La Iglesia celebra cada año el misterio de este amor tan grande hacia nosotros, exhortándonos a tenerlo siempre presente. A la vez nos enseña que la venida  de  Cristo no  sólo aprovechó a  los que vivían  en el  tiempo del Salvador, sino que su eficacia continúa, y aún hoy se nos comunica si queremos recibir, mediante la fe y los sacramentos, la gracia que él nos prometió, y si ordenamos nuestra conducta conforme a sus mandamientos”.

 

(Calendario-Directorio del Año litúrgico 2017, p. 30-33)

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