Una Pascua divina

“Una Pascua divina hoy se nos ha revelado.

Pascua nueva y santa. Pascua misteriosa.

Pascua solemnísima de Cristo Libertador.

Pascua inmaculada y grande. Pascua de los creyentes.

Pascua que abre las puertas del Paraíso.

Pascua que santifica a todos los cristianos.

Pascua dulcísima, Pascua del Señor. ¡Pascua!

Una Pascua santísima se nos ha dado.

Es Pascua. Abracémonos mutuamente.

Tú eres la Pascua que destruyes la tristeza.

Porque hoy Cristo Jesús resucita resplandeciente”.

Estikirás de Pascua de la Liturgia Bizantina.

Continuación de la Cincuentena Pascual

Pasada la octava de Pascua continúa el gran Domingo de la Cincuentena Pascual que conviene que se diferencie de todos los otros ciclos por su carácter extraordinario por el conjunto de sus signos festivos.

Los cincuenta días deben celebrarse y vivirse (también en cuanto a los signos litúrgicos) como un solo Domingo prolongado. Este gran Domingo constituye como una invitación a intensificar la vivencia de la originalidad radical del cristianismo como evangelio o buena noticia festiva de la resurrección que esperamos y pregustamos ya especialmente en estos días.

Para significar la novedad de la vida cristiana, durante estos días en la Misa se suprimen las lecturas del Antiguo Testamento –que son sólo figuras y profecía– que Cristo, con su resurrección, ya ha realizado.

Los cincuenta días de Pascua constituyen, pues, una única fiesta que celebra la presencia del Espíritu que resucitó al Señor y nos resucitará a nosotros; la última semana –entre la Ascensión y Pentecostés– se distingue un poco y se intensifican las alusiones del Espíritu Santo, pero está muy lejos de constituir un ciclo diverso (un tiempo de la Ascensión como se llamaba antes); la presencia del Espíritu Santo es propia de toda la Cincuentena, no sólo de sus últimas ferias.

 Normativa litúrgica

A partir del lunes de la II semana de Pascua, si la Misa no tiene un prefacio más propio, se dice cada día uno de los cinco prefacios de Pascua (a no ser que se utilice la pleg. euc. IV). Cuando se usa el pref. I a partir del lunes II, se dice en este tiempo en lugar de en este día.

En la Liturgia de las Horas tanto dominical como ferial (en todas las Horas) el himno y todos los demás elementos a partir de la lectura breve son propios del tiempo pascual.

En Tercia, Sexta y Nona los tres Salmos se dicen con una sola antífona (Aleluya, aleluya, alelu- ya).

En Misa cuando no hay cantos y se recitan las antífonas del Misal se añade siempre aleluya tanto en la antífona de entrada como en la de comunión.

En la Liturgia de las Horas se añade aleluya en todas las antífonas a no ser que lo excluya el sentido de la misma.

PASCUA:

FIDES CHRISTANORUM RESURRECTIO CHRISTI EST (San Agustín)

Lo que motiva fundamentalmente la Liturgia cristiana es Cristo Resucitado.

La comunidad se reúne por El, ya que ha sido también convocada por El. Se reúne para la oración para escuchar la Palabra de Dios desde toda la disponibilidad de su fe y celebrar su memorial, por el cual las antiguas profecías adquieren sentido y en el cual todo gesto resulta válido y justificado, y al mismo tiempo luminoso.

Después de Pascua los cristianos ya no pueden celebrar otro culto que no sea el memorial del Señor resucitado. Cristo lo es todo para nosotros, dice San Ambrosio.

A la comunidad de los discípulos ya no puede interesarle otra cosa ni con nada puede llenar el deseo y su corazón sino con Cristo gloriosamente resucitado. Y la luz sirve para ahuyentar las tinieblas. Para iluminar las oscuridades del sin sentido y todos los infiernos existenciales que viven los hombres. “La luz de Cristo que resucita glorioso disipe las tinieblas del corazón y del espíritu”, dice el celebrante en el momento de encender el Cirio pascual.

De ahí que no exista propiamente culto cristiano y si existe sólo puede existir como memorial del Señor. Importa la tesis: no es la Liturgia la que crea el misterio de Cristo, sino el Misterio de Cristo que crea la Liturgia. Este principio,evidente teológicamente, crea un principio de celebración nuevo y distinto. Parte del principio que la Liturgia.

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